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Elizabeth Felgueroso López
I. "Nana de los marineros"
Nana de los marineros
que están toreando la mar
cantan mis ojos morenos
tíbios de espera y de sal.
Ayer noche, en la penumbra,
tarareaba mi soledad
nanas de los marineros
que siempre torean la mar.
Mi pena no me deja en paz.
Quien sale al ruedo a diario,
sabe, no puede temblar;
¡más cornadas da la vida
que los pitones de sal!
Solo me queda llorar.
Hoy el faro se ha dormido.
Llueven rosas sobre el mar
y tu hijo, marinero,
ya nunca más te verá.
II. "Paisaje"
A la madre tierra le están sacando
las entrañas por el ombligo
y un trenecito le cruza su boca negra;
a la madre tierra, a la madre tierra.
En el reflejo de su espejo
(que invierte los abismos del cielo)
se esconden las ramas secretas
que hay en las melenas de los árboles
y navegan hojas de otoño, amarronadas y secas,
"con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela
"
Los acantilados del río no son como los del mar:
duelen menos.
Una lengua gris asfalto se enrosca sobre ellos
vomitando insectos de todos los colores, tamaños y precios.
Mi casa está cerca. Ya queda menos.
Sobre el andén encendidos dormitan tres perros.
Ya llego a casa
¡ya queda menos!
III.
Paseando descalza
por el tiempo infinito
donde ser como todos
es ser uno mismo
vi, en la luz de tu boca,
el dulce espejismo
en el que se convocan
tu voz y el abismo.
Las noches en vela,
como un crucifijo
buscaba la paz
que se da en el martirio.
Y a veces, despierta,
soñaba contigo.
Y a veces, dormida,
contaba suspiros.
IV. "Cielo"
Vereda azul y serena
llena, de gélidos astros;
la luna es una avestruz
que tiene testuz de mármol.
V. "La niña de plata"
(Canción infantil)
Allende los mares en su celosía
la niña de plata se perfumaba;
su hermano Lorenzo marchito decía:
- ¡Me voy al sepulcro que tengo en el agua!
Llevaba en el pelo una estrella prendida
y un trozo de nube cosido a su falda,
portaba la flor de la melancolía
bordada en los labios, la niña de plata.
La niña de plata sintió que la hería
el largo cuchillo labrado del alba;
a dulce de muerte su boca sabía.
Llegó al velatorio, fría, la mañana.
VI. "Suicidio"
Es la hora.
Bajo la tormenta están rezando los caballos.
El río vocea su letanía.
Los árboles, penitentes, se fustigan unos a otros
para acallarse la angustia.
Una margarita se ha ahogado.
El gato me mira a los ojos:
él tambien lo sabe.
Mis manos sudan a raudales.
Cojo el acero y
¡pum!
Ved, como g
o
t
e
a mi sangre.
VII.
Hoy pareciera que al cielo
le hubiesen restregado cebollas en los ojos
y repiquetease sobre el suelo
el sonido de su llanto.
Los indios de la fábrica
fuman una gran pipa de la paz
que tiñe, la etérea cúpula de blanco.
A 60 km. de ti corre mi corazón
buscando tu estela y cansado
¡pobrecito pareciera
que le hubiesen teñido de blanco!
Sobre el suelo, repiquetea,
el sonido de su llanto.
VIII.
Con un cincel de ternura
en un mar de porcelana
el perfume de tu nombre
grabé con letras doradas.
No puedo decirte nada.
El viento tiene un cuchillo
que va degollando almas
y las lágrimas de amor
son la sangre derramada.
No supe decirte nada.
Las dos niñas de tus ojos
me devoran las entrañas;
yo me voy haciendo líquida
al candil de tu mirada.
No supe.
No pude decirte nada.
IX. "5:00 a.m."
Me dormí soñando tus ojos,
desperté pensando en tu boca
y mi cabeza luchando
para no volverse loca (loca, loca)
Llevo tu sonrisa impregnada en mi ropa.
Hay que ver
¡las vueltas que dan las cosas!
Me paseé por tu pelo,
me emborraché con tu aroma
y el sol viniendo a gritarme
pobre niñita
¡tan sola!
(Y el calor de tu sonrisa que me requema la ropa.
Y hay que ver, en esta vida, las vueltas que dan las cosas)
¡Tan sola!
Para que quiero quererte
si tu amor es una sombra
que cada noche me envuelve
y se me tragan sus olas.
Pobrecita
¡tan loca y tan sola!
Se ha consumido mi ropa
y siguen, en esta vida, dando mil vueltas las cosas.
X.
Aún te brilla la luna entre los párpados
sigues siendo aquel niño: siempre soñando volar.
¡Qué pueden pesarte a ti los años!
Quien siembra ilusiones no muere jamás.
Por mucho que llueva tu sigues luchando
(que tarde o temprano el sol volverá).
Y así día a día, siempre murmurando:
"Si buscas un sueño no mires atrás".
XI.
El aire me enreda en su tela de araña
y su voz
canta triste nuestra canción;
nana sembrada de melancolía.
En su sepulcro mi alma, se halla dormida
y hablan, furtivas perlas mojadas
sentadas en mis mejillas.
XII.
Amor, tú que pendes de un hilo de agua
bien sabes llevo tu aroma tatuado.
Amor me das cruz por no darme cara;
¡mil lirios bordan la miel de tu manto!
XIII.
Hay palabras que se esconden
dentro de una mirada;
hay palabras que se borran
al llegar la madrugada.
Hay doscientos tres soldados
custodios de una palabra:
son las cosas que se dicen
al querer decir un "nada".
Hay palabras que se quedan,
hay palabras que se marchan,
hay palabras que se enredan
como una tela de araña.
Hay palabras como éstas,
que ni hablan ni se callan:
son las cosas que te digo
cuando no te digo nada.
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