Avisos
Silvino Díaz Fernández

¡Cornudo!, le llamó a la cara la pintada que adornaba la pared del aparcamiento del pozo minero. ¡ Vigila, cornudo! Le deslizó en los oídos, chirriando, la jaula que le descendía a la planta en que trabajaba picando carbón. ¡Cuidado, cornudo, a tu espalda!Le gritó seca y cortante el hacha que enarbolaba contra él su compañero de trabajo. ¡Era muy buena persona!,pero tenía el problema que no sabía escuchar a la gente. Decía en el entierro multitudinario la caja mortuoria a quién quisiera escucharla mientras era portada a hombros por los compañeros del sindicato minero.

¡Bravo, Mao ¡
Silvino Díaz Fernández

¿Suena el teléfono móvil del muerto, y eso te parece raro? ¿Qué mejor símbolo del fin de milenio se puede llevar alguien para un viaje como ese?.

Las antiguas civilizaciones colocaban frutas, comida, armas, amuletos, etc., en el ataúd para que el difunto tuviera un viaje tranquilo y cómodo al más allá, rodeado de sus pertenencias más queridas.

Había otras muchas culturas que a todas esos utensilios, añadían la mujer del difunto. Se supone que como agradable compañía para el camino.

Con el paso del tiempo hemos mejorado, ahora añadimos un teléfono móvil. Y ni estropeamos tanta comida ni le hacemos cargar al pobre muerto con cosas inútiles.

Y, desde luego, no nos puede sorprender que ese teléfono suene. Lo raro es mandar a un ser querido que emprende su último y solitario viaje provisto de un móvil fuera de servicio o descargado. Más que raro parece una cabronada.

Muchos padres tienen/tenemos la sensación de que en esos viajes de fin de semana, a ninguna parte, que hacen sus/nuestros hijos llenos de litronas, pastillas, velocidad, van más seguros con un móvil. Y a ninguno se le ocurre meterle en el ataúd rodante un teléfono descargado.

No sé, no parece una conducta modélica de buenos progenitores.

Algo hemos avanzado; antes mandábamos a nuestros hijos al mundo, cargados de manuales de conducta negativa: no hagas esto, no hagas lo otro. Completando la educación con el último y más terrorífico de los consejos: "no te fíes ni de tu padre". Y nos odiaban. ¡Vaya que sí!

Ahora les equipamos con un móvil, cargado por supuesto, les pagamos la conexión y nos ahorramos los consejos. El progreso se nota, pero nos siguen odiando.

Así pues, no es ningún fenómeno extraño que el teléfono del muerto hubiera sonado.

El auténtico "poltergeist" del asunto lo constituye la ideología subyacente en los anuncios de telefonía móvil. Las más que casuales coincidencias entre el pensamiento de Mao y Telefónica no pueden escapar a un observador atento. A saber:

Mao cree en el valor de la palabra, su arma es el "Libro Rojo".

Telefónica pone valor a la palabra, su arma el móvil.

Mao soñaba con la fuerza del conjunto, con la unión, la conexión social: todos iguales, todos equipados con el Libro Rojo.

Telefónica apuesta por el conjunto de una masa social conectada: todos iguales, todos equipados con el móvil.

Mao decía, con respecto a los jóvenes: "dejarles hablar, no por eso se hundirá el mundo". Telefónica predica que lo importante es que hablemos, eso nos hará más libres, como el sol, como el mar, como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar.

Coincidencias que nos llevan a las inevitables preguntas siguientes:

¿Telefónica está dirigida por un guardia rojo de la revolución cultural?

Si eso es así: ¿los recibos del teléfono son consignas del Libro Rojo?

Por último: ¿Nino Bravo era maoísta?.

 
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