Panfletos con Marta
Carmen Fernández Mateo

Creo recordar que sucedió en el 71, aunque pudo ser un año antes. Todavía no habíamos cumplido los 20 años y estábamos en la Facultad. Íbamos dando un paseo por una calle céntrica de La Felguera, como tantas otras veces, pero aquel día Marta, seguramente harta de mis discursos tantas veces repetidos, decidió pasar a la acción y, sin dirigirme ni una palabra, sacó de su bolso un montón de pa-peles y me los puso en la mano. En un primer momento, pensé que se trataba de apuntes de alguna asignatura, pero al mirarlos detenidamente observé aquella hoz y aquel martillo tan abrazados que los hizo inconfundibles. Aún no había tenido tiempo de reaccionar, cuando Marta volvió a la carga: ¡venga!, vamos a repartirlos por los portales, ¡date prisa! No necesitaba que me metiese prisa porque estaba deseando deshacerme de los panfletos; pero cuanto mayor era mi deseo de acabar con rapidez más lentos resultaban mis movimientos. De pronto, me pareció que la calle empezaba a ondularse y le dije a Marta: " no sé qué le pasa a esta calle, pero se está moviendo, ¿tú no lo notas?". Ella no me contestó y continuamos recorriendo unas cuantas calles, que también se me movían, hasta que al fin acabamos de repartirlos, o quizá más bien de tirarlos como pudimos. Las dos sabíamos perfectamente que, por tenencia de propaganda subversiva, el Tribunal de Orden Público imponía condenas de hasta seis años de cárcel. De todas formas, una vez hecha la proeza, me sentía contenta y decidimos volver a Sama paseando porque la calle ya no se ondulaba ni se movía. Pero al llegar a la altura del cuartel de la Guardia Civil, que todavía permanece en el mismo sitio, junto al puente, a mí me pareció que la pareja de guardias que estaban en la puerta nos miraba fijamente. Con la valentía que siempre me caracterizó, le dije a Marta: yo no paso. ¿Pero por qué? -me contestó. Porque si nos cogen y nos meten ahí dentro a ver que es lo que hacemos, que no, que yo no paso -respondí.

Mi insistencia fue tan firme que dimos la vuelta de nuevo hasta La Felguera, cogimos un autobús y regresamos a Sama. Después de aquel día, y durante mucho tiempo, fui incapaz de pasar a pie por delante del cuartel y, cuando veía a la Guardia Civil, cambiaba de acera o de calle y tenía la absoluta convicción de que me estaban mirando.

 
Cine, Arte y Literatura
 
Filosofía
 
Taller Literario
Poesía
Relato
Teatro
 
¿Qué es un taller literario?
 
Normas de publicación
 
 
Nº actual
Portada de la revista actual
 
Números en el web
 


Motor de Búsqueda


 
 
 
 
       
  Envía este documentoEnvía este documento      
         
  PROYECTO EDITORIAL | CREDITOS Y COPYRIGHT | PUBLICIDAD | CONTACTO | ENLACES