VASOS COMUNICANTES
Eladio de Pablo

Dramatización sobre el cuento de J. Cortázar
"La continuidad de los parques".

ÉL. (Al teléfono) ¿Carlos? Sí, soy yo. Sí... Te llamaba... Creo... creo que al fin he dado con el problema. No, no quiero decir que tu idea no sea excelente, pero resulta demasiado tópica, demasiado... cómo decirte... melodramática. No, Carlos, no pretendo insinuar que tu guión sea malo, sólo que necesita darle una nueva vuelta de tuerca... Bueno, es... Lo que tú cuentas es una historia de ficción pura y simple, una historia como hay miles, pero... escucha, hombre, déjame hablar un momento... ¿Tienes tiempo? Yo tengo todo el tiempo del mundo. Silvia ha salido y estará fuera todo el fin de semana... Sí, una especie de viaje en busca de nuevos estímulos... Ya sabes, se aburre, no comparte conmigo esta pasión por crear historias de ficción... Dice que, de seguir así, acabaré viviendo en un mundo imaginario, una especie de realidad virtual que, dice ella, me va envolviendo y alejando de la realidad real de todos los días, Silvia incluida. Pero, qué quieres... A mí la realidad me parece insulsa, átona, demasiado estrecha... No, no quiero decir que Silvia me aburra, sólo que... aspiro a algo más de lo que la vida puede darme con su carga de rutina y costumbre. Yo necesito la ficción, necesito pensar las cosas en términos de ficción, en términos de cine concretamente, si me apuras te diría que, para mí, el cine es más real que todo lo demás, tiene esa intensidad electrizante e invasora de ciertos sueños... ¿Recuerdas a Silvia interpretando Días sin Tregua? Creo que ahí fue donde me enamoré perdidamente de ella. Estaba tan... Aquella fuerza que le venía de no sé dónde le daba un aura, una especie de... Parecía emerger de un sueño... Luego, como sabes, nos casamos y... aquel sueño... pues se convirtió en una sólida y duradera realidad. Pero, bueno, no quería hablar de Silvia y de mí, sino de nuestro guión, porque, lo siento, Carlitos, pero en ese guión tuyo me voy a meter, no puedes negarte, ya que, al fin y al cabo yo voy a ser el productor. ¿De acuerdo? Bien. Pues siéntate. ¿Estás sentado? Eso, un güisqui ayudará. Mira, yo también voy a servirme uno. Aguarda un momento. (Se sirve una buena copa) ¡Ah! Bien, ¿Sigues ahí? Perfecto. Voy a explicarte mi idea. O sea, la idea que me ha sugerido tu idea. Como ves, no quiero arrogarme todo el mérito. Insisto en que sólo quiero introducir un matiz a tu idea, un matiz importante, pero, al fin y al cabo, se trata de tu idea, por ese lado quédate tranquilo, tú eres el guionista, a mí me basta con producir tu película y que me dejes jugar a la ficción una vez más. Vale, vamos al asunto. La historia se mantiene completa. Por cierto, que me parece muy acertado todo el planteamiento: cómo el amor de la mujer hacia su esposo se transforma en odio porque él comete el mayor error con una mujer: ignorarla, hacerle sentir que no existe, preferir su vocación de escritor al amor de ella. Las escenas en que muestras la caída de ella en la indolencia y el abandono fruto del saberse, ¿cómo dicen los hispanoaméricanos?, ninguneada, son de una intensidad estremecedora. Creo que en ellas queda perfectamente justificado que se eche un amante a quien por supuesto no ama, y lo utilice como instrumento para acabar con la vida de su marido. (Escucha) ¿Eh? ¡Pues claro que he entendido que ella no quiere a su amante! Ella se había entregado a un amor que creía grande, lo ha dado todo, ha puesto la vida en ese amor, y, claro, se siente estafada, traicionada, en su corazón ya no hay sitio para un amor de segunda mano, es una mujer total, que se lo juega todo a una carta, y siente por ello un deseo de venganza total... Ya ves como sí he captado el sentido de tu historia. ¿Qué te habías creído? Claro, claro, eso es.. Para ella su marido es un creador, sí, pero un creador de vacío, una especie de agujero negro que absorbe y sepulta en la nada todo lo que vive y respira a su alrededor, sustituyéndolo por las negras sombras de las palabras de sus fabulaciones... Había pensado incluso en sugerirte un título para la película, "La máquina del vacío", pero, no sé... En fin, lo del título lo hablamos después, ¿vale? (Escucha) Sí, las escenas con el amante cuando traman asesinar al esposo me parecen excelentes, mantienen firme el pulso de la narración y... El final, sí, el final es lo que quiero que modifiques. La escena en que él está terminando su novela en la soledad de su escritorio. Tú dejas ver en el guión que él está escribiendo, sin saberlo, una historia que es su propia historia, una historia de ficción que es una historia real, o una historia real que es una ficción encarnada. ¿Hasta qué punto lo que él está escribiendo no está dictando el comportamiento de su esposa, quien, en realidad, imita la ficción de su marido como último recurso de un amor desesperado? ¿Hasta qué punto la vida que lleva su esposa, su amante, el plan para asesinarlo, no son una atmósfera poderosa que el marido respira y de la que su novela se nutre? ¿Son la realidad y la ficción compartimentos estancos? ¡No! Perdona un momento... (Saca un cigarrillo y lo enciende) Estoy tan excitado que necesito fumar. Por eso debes cambiar tu final. No, porque estoy excitado no, sino porque es lo que tu propio guión exige. ¿Que cómo? Yo creo que es de lo más sencillo. Sitúate en la escena. No te costará trabajo, ¿no?, puesto que la has escrito tú. El escritor en su escritorio. Está inclinado sobre las pruebas de la novela, que corrige con parsimonia, mientras aspira con delectación el humo de un cigarrillo. (Echa una profunda calada a su cigarrillo) Sabemos que está leyendo la escena en que la mujer y su amante se encuentran en la calle, en esa misma noche lluviosa, justo debajo de su ventana. Ella ha aparcado lejos de la luz delatora de las farolas y entrega las llaves del piso a su amante, y se despide de él con un beso furtivo, perdiéndose luego en la oscuridad espejeante de la noche. El amante sube hasta el piso donde el escritor trabaja, abre la puerta sigilosamente, sin hacer el menor ruido, llega hasta el escritorio y su figura se recorta en la puerta como si acabara de salir de un naufragio. (A sus espaldas, en el marco de la puerta, aparece una silueta) El escritor, de espaldas a la puerta, corrige las pruebas de su novela, oímos en off su voz leyendo morosamente las últimas líneas en que describe cómo el amante avanza hacia la espalda de su víctima con el rostro endurecido por la decisión, blandiendo un cuchillo que brilla en la paz del despacho como un estampido mudo de luz, como... (Suena una detonación, al tiempo que un fogonazo ilumina la estancia como un flash de fotógrafo. ÉL enmudece. Su rostro se ha contraído en una expresión de pasmo. El cigarrillo resbala lentamente de sus dedos. El teléfono cae al suelo, seguido al poco por el cuerpo de ÉL que se dobla sobre sí mismo y, finalmente, acaba en la alfombra, que se cubre de sangre paulatinamente).

Eladio de Pablo ha obtenido recientemente el Primer Accésit del Premio Hermanos Machado de Teatro con su obra Sólo soledad sonando y el Premio de Monólogos Dramáticos de Corvera con su obra Jarrón Frankestein.

Otras aportaciones del autor:

Teatro en un acto: Pasión por la diferencia.

 

 

 

 

 
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Pasión por la diferencia
 
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