MAGMA
Roberto Corte

ACTO ÚNICO

Personajes: 1 y 2 (ancianos en sillas de ruedas en un frenopático)

1.- Dios, Dios mío.
2.- Sí.
1.- No sé. (Pausa).
2.- ¿Decías?
1.- No sé. Nada, Si al menos pudiéramos hacer algo. Que mereciera la pena. Decir algo. No sé. Que mereciera la pena. Olvidarme de todo. Volver a empezar. Si se pudiera volver a empezar.
2.- Prueba.
1.- Oh, no.
2.- Vamos.
1.- De ninguna manera.
2.- Inténtalo.
1.- No. No puedo.
2.- Inténtalo.
1.- Imposible. Hoy no.
2.- Entonces lo haré yo.
1.- ¿El qué?
2.- Algo. Lo que sea.
1.- No podrás.
2.- Te parezco demasiado viejo.
1.- No. No es la edad.
2.- ¿Entonces?
1.- Estamos cansados. Hartos. Muy cansados. Muy aburridos.
2.- Bueno. Primero me pondré a descansar y después lo haré.
1.- Oh, no. No es eso.
2.- Tras el descanso volveré a tener la necesidad de hacer algo y actuaré. Obraré en consecuencia a una necesidad fisiológica. Será como volver a comer. (Pausa breve).
1.- Sin hambre. Como volver a comer sin hambre. (Pausa breve).
2.- Pégame.
1.- ¿Por qué?
2.- Qué importa. Pégame.
1.- ¿Por qué? ¿Para qué?
2.- Pégame. Es igual. Después te lo diré.
1.- No podría.
2.- No quieres hacer nada.
1.- No quiero y no puedo.
2.- No tienes fe.
1.- Exacto.
2.- Y yo tampoco podría responderte porque no me lo creería.
1.- Eso parece.
2.- ¿Y esto qué es? ¿Es zen? ¿Nirvana? ¿Esto que es?
1.- Eso parece.
1.- Indiferencia.
2.- Pero, ¿tan grande?
1.- Cansancio. (Pausa breve).
2.- Un cansancio de larga duración. De no hacer nada. Una enfermedad.
1.- ¿Y qué importa?
2.- No. Nada. (Pausa breve). Y podríamos pasarnos así otra vida.
1.- No una. Cientos de vidas. Si nos dejaran.
2.- Haciendo de espectador.
1.- Mejor aún. De vegetal.
2.- De vegetal-mineral. Indeferentes al sol y a la lluvia. Al frío polar y al sofoco ecuatorial.
1.- Oh, Dios. No hables. Calla. No digas nada. (Pausa).
2.- Y sin embargo reconozco que me cuesta no hablar, para no decir nada.
1.- La palabra es una obscenidad terrible. La mayor de todas.
2.- Si. Una putería imprescindible. (Sonríe. Pausa breve).
1.- Al principio uno aprende idiomas porque mientras dura su educación chapurrea las palabras como el violador bisoño que con su torpeza intensifica la inocencia de la virgen. Y uno dice: «Now is the winter of our discontent / Made glorious summer by this sun of York, / And all the clouds that loured upon our house / In the deep bosom of the ocean buried». Y es como decirlo todo. La neuronas se encienden y la historia comienza a dar saltitos en nuestro corazón. (Pausa breve). Pero luego... con el uso... las palabras se gastan. Con el bla, bla, bla, el destello, los brillos y las intenciones del lenguaje, se prostituyen hasta la nada. Te cansan y ya todo es lo mismo. El invierno. El sol de estío. Y las nubes que yacen sepultas en las ondas extrañas del océano. (Pausa breve).
2.- Qué triste.
1.- No. ¿Por qué? Tampoco.
2.- No sé. A mí no lo parece. Es como estar de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte.
1.- ¿Qué esperabas?
2.- No sé. Un poco más. Algo. Menos salir así de indemne, cualquier cosa
1.- No todo el mundo tiene nuestra suerte. Muchos se quedan a medias. Por el camino.
2.- Ya. Y otros bailan

 

 

 

 

 
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