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La familia en el Siglo XXI. Presentamos este número de Abaco sobre la familia con el deseo
de profundizar en los procesos de cambio por los que está pasando
esta institución social, tan básica y, a la vez, tan compleja.
Que la familia está cambiando es ya un lugar común y las
distintas explicaciones teóricas coinciden en señalar ciertas
características que, más que contradecirse, se apoyan mutuamente
unas en las otras. Es el caso de los modernos planteamientos demográficos;
de la hipótesis de la desinstitucionalización y privatización
de la familia; o de la modernidad reflexiva de la familia, desde el análisis
del cambio en las modernas sociedades industriales. Veamos estos planteamientos
un poco más detenidamente. El análisis de Van de Kaa sobre lo que él denomina la 2ª
transición demográfica se refiere al cambio en las pautas
reproductoras y el paso de la centralidad en las relaciones paterno-filiares
(y el linaje) a la centralidad en las relaciones de la pareja. Todo ello
dentro del marco del ascenso de los llamados por Inglehart valores postmaterialistas,
centrados sobre todo en la autorrealización y la satisfacción
personales, es decir, la aparición de los motivos individualistas. La hipótesis de la desinstitucionalización y privatización
de la familia se apoya en este análisis demográfico. Nos
estamos refiriendo a la "familia incierta" de la que habla Roussel.
Para llegar a este modelo familiar Roussel (1980) considera el grado de
institucionalización en dos aspectos: el legal, es decir, la indisolubilidad
del vínculo matrimonial, el grado de la instauración del
divorcio; y la desinstitucionalización de los comportamientos,
es decir, la pluralidad de modelos de convivencia y familiares, o dicho
de otra manera: la creciente privatización de la vida cotidiana
. Estos elementos permiten a Roussel elaborar cuatro modelos a partir
del grado de institucionalización /privatización de la unión,
y así plantea el modelo tradicional, en el que no se considera
la posibilidad de la desaparición de la relación matrimonial;
pasando por el matrimonio alianza donde el divorcio está permitido
pero estigmatiza a quien hace uso de él; el matrimonio fusión
donde el divorcio es común; y por último en el matrimonio
razón donde ya no entra el divorcio al no estar basado en un vínculo
legal. El matrimonio tradicional o institucional (en el que la relación
es para toda la vida) es el propio de las sociedades patriarcales, donde
la fuente de la identidad es la familia de pertenencia. Ésta también
se encarga de la transmisión del patrimonio, hecho de enorme importancia
si tenemos en cuenta que estamos hablando de sociedades tradicionales
donde la salarización no está generalizada. Es una familia
donde se produce un fuerte apoyo entre las generaciones, pues los padres
cuidan de los hijos en su niñez y estos cuidarán a los padres
en su vejez. Por otra parte la familia funciona como garante del orden
social, pues es ella la que ejerce el control social más directo. En el matrimonio alianza disminuye la importancia de los factores económicos
y aumenta la legitimación de la búsqueda de la felicidad
personal. Una frase ejemplifica el modelo: "Te casas por amor, continuas
por deber". Va acompañado de la especialización de
funciones, (el varón la esfera pública y el rol instrumental
y la mujer el ámbito privado y el rol expresivo) y por lo tanto
la ruptura genera problemas, sobre todo económicos y especialmente
para la mujer que, en general, no tiene ingresos propios. El matrimonio fusión se basaría en la solidaridad afectiva.
Si el matrimonio ha sido producto del amor, el fin de éste justifica
completamente el divorcio. Estamos hablando de un vínculo eminentemente
civil, sin connotaciones sagradas como tenían los dos anteriores.
De alguna manera, el paso del matrimonio alianza al fusión es el
paso de la familia complementaria a la simétrica (Willmot y Young,
1973), pues está estrechamente relacionada con el aumento del número
de mujeres que trabajan fuera del hogar y la mayor dedicación de
los hombres a la socialización y el cuidado de los hijos, que favorece
el desempeño de roles expresivos . Por último, en el matrimonio de razón o asociación
se huye de la exaltación amorosa (de ahí el nombre de matrimonio
de razón). Podemos destacar dos características de estos
modelos: por una parte, la especial valoración de la independencia
de cada miembro de la pareja; y por otra, la privatización total
de la relación, pues se cohabita sin matrimonio. De nuevo, observando
los dos últimos tipos de matrimonio, parece que el concepto clave
es el de individualización, un matrimonio en el que los objetivos
de cada uno de los miembros pasan a ocupar el primer plano. La "familia
club" que dice Roussel, una institución cada vez más
abierta y voluntaria, cada vez más incierta pues depende más
de la elección individual. Obsérvese la contradicción
interna de estos modelos familiares: por una parte, se convierten en el
centro de la esfera de lo íntimo, el lugar del desarrollo de nuestra
expresividad, es cada vez más central también porque el
resto de relaciones comunitarias (especialmente en la localidad) se hacen
societales; y por otra parte, la familia actual es una institución
cada vez más incierta. Este recorrido por perspectivas teóricas puede finalizar por la
"segunda modernidad". Una de las características básicas
de la modernidad será la falta de legitimidad de los comportamientos
tradicionales. En la primera modernidad el pensamiento racionalizador
habría calado en instituciones tales como la política o
la economía, en suma, en la vida pública, sin embargo no
en la vida privada, donde aparece un nuevo modelo de familia, la familia
nuclear (de menor tamaño, con relaciones cada vez más débiles
con la familia extensa y más estrechas con el núcleo familiar
de padres e hijos) pero donde los roles de género están
muy marcados e incluso se produce una segregación laboral por género
nunca vista en la familia tradicional (recordemos el modelo de la especialización
de roles en el hogar: el rol expresivo para ella y el instrumental para
él). Esta especialización crea interdependencia que, a su
vez, plantea enormes problemas ante la disolución del vínculo
matrimonial. A partir de los años 60, el potencial de cambio de la modernidad
empieza a reflejarse en la familia. Nos encontramos con que los actores
sociales han de moverse en un mundo de reflexividad, de incertidumbre
y oportunidad. Las relaciones personales se construyen en el día
a día, no hay modelos válidos, llegamos a la destradicionalización
del mundo de lo privado. Como manifiestan Elisabeth y Ulrich Beck: "Hemos demostrado que se pueden detectar tres épocas en la
relación de hombre y mujer desde la sociedad premoderna hasta la
sociedad moderna. En la primera, donde predominaba la familia como comunidad
económica, para ambas partes de la pareja no existía una
biografía independiente. En la segunda época, y cuando la
"familia extensa" empezaba a disolverse, el curriculum del hombre
se abría hacia procesos de individualización. Se mantenía
la unión de la familia, aunque al precio de una presión
rigurosa de los derechos de la mujer. Y luego, a partir de los años
sesenta de este siglo, comienza claramente una nueva época en la
que los dos géneros (aunque en grados diferentes) pueden experimentar
los beneficios y las cargas de la vida propia" (Beck, U. y E. Beck-Gensheim,
1998:138) Giddens acuña un término interesante: "relación
pura" (Giddens, 1995:238; 1998 :11-12) que tendría dos características
básicas: por una parte que aspira a la simetría (y por lo
tanto cuestiona las relaciones de poder) y por otra que la posibilidad
de disolución forma parte misma del compromiso. De nuevo las palabras
clave son "individualización", pluralización de
modelos familiares, o paso de una biografía estándar a una
"biografía de elección" como diría Ulrich
Beck (1997:30), o una "biografía hágalo usted mismo"
en palabras de Ronald Hitzler, o una biografía reflexiva que diría
Giddens. Como se aprecia, el análisis sobre la familia está centrando
la mirada en la construcción de la relación de pareja. Este
es el marco general donde se incardina el grueso de los trabajos que se
presentan aquí: el ámbito interno del grupo, de las relaciones
interpersonales, y más en concreto los procesos de construcción
de la pareja que podemos observar en este principio de siglo. En esta
dimensión interna del grupo familiar, como organización
basada en el "amor" puede ser interesante la observación
de las pautas en el reparto de tiempos y tareas,
la toma de decisiones;
en suma, el grado de democracia y reparto del poder. Los cuatro primeros artículos que se presentan aquí están
profundizando en este análisis. Los tres primeros pertenecen a
una investigación internacional sobre las diferencias en la construcción
de las parejas en cuatro países de análisis: Estados Unidos,
Suecia, Alemania y España. El artículo de Jutta Allmendinger y su equipo pone las bases teóricas
de la discusión sobre el cambio en la construcción de pareja
en las sociedades de principios del siglo XXI. Podemos resaltar dos ideas.
Una es que los procesos de individualización de la modernidad no
van a restar protagonismo a la institución familiar, casi al contrario,
pues son las parejas/familias las que están recibiendo estos cambios
y adaptándose a ellos. La otra idea es la ilusión de la
igualdad, el artículo plantea la importancia del reparto desigual
de los recursos económicos dentro de la pareja, para terminar con
una reflexión sobre una contradicción de la modernidad que
ya había recogido Simmel, entre el 'dinero' como el aspecto más
abstracto de la modernidad -la eficacia se reduce a eficiencia y ésta
a dinero- y el 'amor' como su expresión más personal e íntima
-dentro de la búsqueda de la expresión del "yo"
y de la libertad. El artículo de Charlott Nyman y Lasse Reinikainen, de la Universidad
de Umeå, (Suecia), se centra en la negociación cotidiana
de las cuestiones económicas en el seno de una muestra de parejas
casadas. Sus resultados señalan que, pese a los deseos expresos
de crear situaciones de igualdad en la pareja, la desigualdad continúa,
y un elemento fundamental para entenderla es la identidad de género
y las normas y valores culturalmente enraizadas que lleva consigo. Janet Stocks y Frank Wilson presentan "La construcción de
la singularidad en las parejas estadounidenses" a partir de la comparación
de las parejas entrevistadas con la idea recurrente de "familia ideal"
de los años 50 (la familia nuclear de especialización de
roles). Destacan la visión de "singularidad" (¿individualización?)
por la que los roles tradicionales se ven anticuados y las parejas han
de negociar en el día a día sus propias formas de vida.
Profundizando en la construcción de la pareja, desde una perspectiva
dinámica, Alicia Lindon nos habla de "Dos formas de negociación
de la conyugalidad y la identidad en la periferia metropolitana de la
ciudad de México". En uno de sus interesantes modelos coincide
una característica de las anteriores construcciones: la diferencia
entre lo que se piensa y lo que se hace. Pero a diferencia de las parejas
analizadas en los artículos anteriores su relación es la
contraria, pues mientras que lo más frecuente es pensar de acuerdo
con las nuevas pautas de organización simétrica y sin embargo
organizarse de manera más tradicional; en las parejas mejicanas
protagonistas de esa "negociación silenciosa" se piensa
de manera tradicional pero se actúa fuera de lo instituido. El artículo de Marta Ibáñez señala los factores
explicativos del cambio familiar en nuestro país. Entre estos factores
destaca el papel del trabajo mercantil de las mujeres, que analiza a partir
de algunos datos secundarios y de los primeros análisis de la investigación
que se está desarrollando en el Área de Sociología
de la Universidad de Oviedo dentro del proyecto internacional sobre las
diferencias en la construcción de las parejas. Dos artículos recogen el nuevo fenómeno de las "nuevas
formas familiares". La aportación de Gerardo Meil se centra
en las parejas del mismo sexo y vuelve a plantear las diferencias entre
el modelo ideal (próximo al matrimonio indisoluble) y la realidad
cotidiana. Por su parte Teresa Picontó desarrolla "Un análisis
socio-jurídico del proceso de reforma de la normativa sobre parejas
de hecho en España", donde deja clara la falta de definición
normativa y las visiones de familia que hay detrás de las distintas
propuestas y realidades que se están produciendo en nuestro país. Por último, nos ha parecido imprescindible el análisis
de la relación de las instituciones familiar, el bienestar y la
política. Miguel Arenas destaca en su artículo el papel
que están cumpliendo las generaciones más mayores a la hora
de asegurar ciertos niveles de bienestar a las familias, especialmente
su disponibilidad para la ayuda. El artículo de Nerea Eguren plantea la influencia de la familia
en el mantenimiento de los estándares de bienestar social de nuestro
país y por la otra parte, los servicios que presta el Estado a
las demandas eminentemente familiares. Esta es una dimensión de
enorme relevancia si tenemos en cuenta que, en nuestro país, la
familia es la institución actualmente responsable de los niveles
de bienestar social que disfrutamos y, a la vez, es una institución
que está viviendo un proceso de cambio acelerado. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS BECK, Ulrich y Elizabeth BECK-GENSHEIM (1998): El normal Caos del Amor.
Barcelona, El Roure.
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