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España: Ciencia y Exilio «Ciencia y franquismo» El tema de la ciencia fascista española o el de las elaboraciones científicas en el estado que surgió de la Guerra Civil (1936-39) no ha sido apenas estudiado. Varias causas han contribuido a este hecho. La primera procede del lado mismo de los científicos. En general porque la ciencia no tiene apellidos, aunque se hagan distinciones en casos determinados y concretos como la ciencia aria, la ciencia soviética (ahora en proceso de amortiguación), el episodio de Galileo y poco más. La segunda, también desde el mismo campo, porque los científicos españoles han sido particularmente refractarios a la historia, salvo en los discursos protocolarios –que ya se sabe que no pasan arbitraje–. La famosa polémica de la ciencia española de las postrimerías del siglo XIX, que se mantuvo en pie hasta la Guerra Civil de 1936-39, se dio por terminada por los vencedores a nivel oficial en el mismo primer año de la victoria. Desde el campo de la historia tampoco ha habido demasiado interés en hurgar en ese pasado. Se han realizado aproximaciones a cuestiones políticas, económicas y sociales, se han hecho estudios sobre algunos aspectos particulares de la cultura –algunos magníficos como el de la literatura fascista de Julio Rodríguez-Puértolas– y de las costumbres, pero la ciencia ha sido cuidadosamente ladeada. Desde el campo de los historiadores de la ciencia parece como si hubiera caído un manto de silencio sobre estos años concretos, a excepción, claro está, de trabajos monográficos particulares, en algunos casos muy meritorios. En este orden de ideas –el de los presupuestos– hay dos explicaciones bastante evidentes. Por una parte existen todavía huellas vitales muy recientes de los protagonistas de la historia y desde luego de sus descendientes o allegados intelectuales más directos. Unos protagonistas que, salvo escasas excepciones, han hecho verdaderas piruetas para intentar ocultar lo que fueron su vida y sus ideas en el periodo franquista. Del otro lado, del de los vencidos, se ha comenzado a rescatar la memoria del exilio y algunos documentos hay sobre este asunto, nítidamente relevantes. Pero, hasta ahora, la referencia concreta a la ciencia franquista desde posiciones neutrales o democráticas ha sido prácticamente inexistente. En general, por lo que concierne al siglo XX, la mayoría de los estudios e investigaciones se han dedicado al primer tercio del siglo XX, deteniéndose por tanto precisamente en la Guerra Civil. El autor anima a acometer el estudio de los cuarenta años que engloban la Guerra Civil (1936-39) y el régimen que salió de ella hasta la promulgación de la Constitución Española de 1978. En ese proceso habrá que recabar aspectos cualitativos y cuantitativos, estudios monográficos puntuales y abordajes globales por sectores disciplinares, geográficos o biográficos. Como en cualquier otro periodo de la historia.
Una de las consecuencias más negativas de la guerra civil española, fue el exilio masivo de republicanos que se produjo al finalizar la contienda bélica, para escapar de la feroz represión franquista. Más de medio millón de españoles tuvieron que exiliarse en Francia, al producirse la caída de Cataluña, y fueron internados en los campos de concentración que creó el Gobierno Daladier en las playas del Mediterráneo cercanas a la frontera española. Sin embargo, tan masivo exilio, no sólo fue masivo por la cantidad sino que también alcanzó altos niveles cualitativos, ya que en él estaban integrados los más insignes personajes de la cultura española. De entre tales personajes se podía también desglosar a figuras prominentes de la ciencia española, que se habían ido desarrollando gracias a la labor de la Institución Libre de Enseñanza y la Junta de Ampliación de Estudios. Este fenómeno se desarrolló, sobre todo, en el primer bienio de la II República Española. Este elemento cualitativo del exilio español se manifestó, ante todo, en el exilio español de México, gracias al apoyo del Presidente de la República, el general Lázaro Cárdenas. Ya en 1942, en un ejemplar de la revista Selecciones del Reader’s Digest –que me regalaron en el Consulado norteamericano en Bilbao cuando recogía propaganda aliada antinazi– se publicó un artículo, titulado «Emigrados que enriquecen su nueva patria», en el que se informaba de cómo los intelectuales y científicos españoles exiliados habían contribuido a la prosperidad del pueblo mexicano. Pero no fue México el único país donde se produjo éste fenómeno. Ocurrió lo mismo en Francia, Gran Bretaña, Bélgica, República Argentina, Chile, Cuba y la URSS. Se comenta el caso importanet del físico abulense Arturo Duperier Vallesa y otros muchos casos significativos del exilio científico español.
José M. Cobos Bueno Desde el pronunciamiento fascista, 1936, se crearán organizaciones internacionales de ayuda a científicos españoles. De todas ellas destacan La Casa de España (México) y la Society for the Protection Science and Learning en Londres (SPSL). La propia República española creará el Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles (SERE) y la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), y nada más finalizada la contienda y como prácticamente todos los exiliados pasarán por Francia se crea, en esta capital, la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero (UPUEE) que posteriormente se dio en llamar la “Universidad del Exilio”, repartida por todo el mundo. Fue presidida por Gustavo Pittaluga y como secretario Alfredo Mendizábal. Aunque el mayor contingente de la UPUEE se encontraba en México D.F., la sede se situará en Cuba debido a que su presidente, Pittaluga, se exiliará en esta República.
En el último cuarto del siglo XX la historiografía española ha popularizado el término de Edad de Plata para referirse a las brillantes –porque la plata lo es– realizaciones culturales producidas en la España del primer tercio del siglo XX. El presente trabajo propone una reflexión historiográfica sobre las limitaciones del concepto de ciencia republicana, ó mejor, del término Edad de Plata aplicado a la ciencia del periodo en cuestión, en el sentido de analizar las mistificaciones historiográficas que se construyen sobre los poco profundos (y por tanto poco duraderos) cambios infraestructurales e institucionales que se producen en los escasos periodos de bonanza científica de la triste historia de España –la Ilustración es otro ejemplo, la extinta LRU probablemente acabe marcando otro–. Para ello, se analiza el caso de la comunidad matemática española desde el punto de vista institucional y profesional, con el fin de plantear el establecimiento al menos de algún tipo de referencia cuantitativamente comparable para la valoración de la situación en un determinado periodo que permita superar el subjetivismo adjetivador de cada historiador individual ó colectivo.
El último tercio del complicado siglo XIX español comienza con la publicación de El Ideal de la Humanidad para la vida (1865), con introducción y comentarios de Julián Sanz del Río (1814-1869). En esta obra, Sanz del Río desarrolla e interpreta las ideas del filósofo alemán Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832), y pronto se origina una corriente ideológica en torno a esta figura: los krausistas, quienes, entre otras cosas, defienden una enseñanza universitaria laica, descentralizada administrativamente, y en la que exista la libertad de cátedra. ¿Pudo llegar a aplicarse esta concepción utópica de la enseñanza en nuestro país a lo largo del siglo XIX? ¿Cómo fue –si existió– el control de los temarios y los textos de química con los que se impartía la docencia? ¿Quiénes eran los catedráticos de química hasta el final de la primera república? ¿Cómo accedían a sus cátedras? ¿Sufrieron algún tipo de represalia al cambiar la orientación política del gobierno?.En este trabajo se plantearán estas y otras preguntas, y se intentará encontrarles una respuesta que, lógicamente, no podrá ser exhaustiva.
Narra Vavilov en este texto el viaje que como biólogo soviético hizo a España en el año 1927, en plena dictadura de Primo de Ribera. Su valoración del estado de la ciencia española, y sus opiniones sobre el país y sus gentes, son de extraordinario interés para el presente, y contribuyen a dar una visión diferente de la situación de la ciencia en la época anterior a la guerra civil. «Pedro Couceiro Corral»
Este artículo refiere a las vicisitudes del químico gallego Pedro Couceiro Corral, exiliado en el Uruguay desde 1940 hasta su muerte en 1982. Se trata de presentar las intensas etapas de la vida de este destacado científico republicano, desde los albores de su formación como profesional en España en los agitados años de fines de los 20’, la realización de doctorado en Alemania en los inicios de la década de 1930 y su activa participación en la defensa de la República entre 1936 hasta el inicio de su exilio en 1939. A partir de su llegada a Montevideo (Uruguay) en 1940, se presentan las distintas actividades que fue desarrollando en el proceso de integración en la sociedad de este país latinoamericano. En el artículo se destacan los rasgos más salientes de su vigoras y multifacética personalidad, la forja de una familia incorporada a la vida del país de adopción y su permanente y consecuente adhesión a la causa republicana y a la defensa de la cultura gallega en nuestro país.
El autor aporta una semblanza biográfica e histórica del prestigioso físico español Blas Cabrera y Felipe (1878-1945), obligado al exilio, como tantos otros intelectuales y científicos españoles, a causa de la guerra civil y del triunfo de los sublevados contra la II República española. Director del más importante laboratorio de física en España del primer tercio del siglo XX, notorio representante español en la comunidad científica internacional, autor de libros y artículos de divulgación, activo conferenciante, einsigne promotor de la física y de la historia de la ciencia en España y en el mundo.
«Severo Ochoa» Aunque con frecuencia se haya citado a Severo Ochoa como ejemplo del científico exiliado, las motivaciones de su salida de España en el 36 y de su permanencia en EE.UU. hasta los últimos años de su vida no se ajustan bien a ninguna de las figuras clásicas del exilio. Su adscripción a la tradición del materialismo mecanicista explicaría no sólo sus posiciones en el terreno de la biología, sino también las que repetidamente expresó en materia religiosa, ética o política. En el primer caso, su ateismo, o su negación de la idea de un alma inmortal ratifican su materialismo y desmienten el intento de “apropiación” de la figura de Severo por parte de ciertos sectores sociales. El “desinterés” que parece mostrar Ochoa por la política, y su relación con la investigación científica, con el arte o con los valores de la amistad, son compatibles con el materialismo de Epicuro y de Lucrecio. Tal vez sólo en esa clave sea posible comprender su exilio. «Los Giral» Se hace un balance y un repaso biográfico a la importante figura de Francisco Giral, gran químico exiliado en México, fundador de la revista Ciencia, e hijo del presidente de la república en el exilio, José Giral. «Francisco Vera Fernández de Córdoba» Francisco Vera fue sin lugar a dudas uno de los más grandes historiadores de la Ciencia que ha gestado España y comparable a los historiadores de allende nuestras fronteras. Nació en Alconchel (Badajoz), el 26 de febrero de 1888, y muerió en el exilio en Buenos Aires (Argentina) el 31 de julio de 1967. Este ilustre extremeño, matemático, periodista, funcionario (Tribunal de Cuentas), filósofo y fundamentalmente historiador de las ideas científicas, se vio, como muchos otros españoles, perseguido por sus ideas. En este artículo se repasan las circunstancias que dieron lugar al silencio que durante decenas de años se produjo entorno a su obra, después de haber protagonizado las escenas más importantes de la historiografía de la ciencia en España durante la época de la II República. |
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