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TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN.
SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
PRESENTACIÓN
Qué duda cabe de que en tan solo veinte años las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se han convertido
en el sistema nervioso central de los países desarrollados. La convergencia de la microelectrónica, las telecomunicaciones y
la informática se ha introducido en la médula espinal de las sociedades avanzadas y modificado sustancialmente la economía,
la cultura, la educación y las relaciones humanas.
A pesar de que la expresión sociedad de la información se utiliza genéricamente para aglutinar la influencia de las TIC en
la sociedad en un sentido amplio, realmente no existe un modelo único de sociedad de la información, sino distintos modelos
que dan lugar a desarrollos económicos y sociales muy diferentes.
Sin lugar a dudas, este fenómeno, que comenzó a gestarse en los años sesenta y setenta y que tiene a Vinton Cerf y Robert
Kahn como iconos con la invención de los protocolos TCP/IP para la comunicación entre ordenadores, que maduró en los
ochenta con la informática personal, pero que eclosionó en los noventa después de que Tim Bernes Lee inventara el World Wide
Web, nunca fue pensado ni concebido como una revolución intencionada, sino como un simple instrumento técnico de comunicación.
Sin embargo, las consecuencias de este desarrollo tecnológico son cruciales para interpretar la sociedad actual.
Internet simboliza el paradigma de la sociedad de la información. Lo que la máquina de vapor fue a la revolución industrial lo
es ahora internet a la sociedad del conocimiento. Pero mientras la sociedad industrial basaba su poder en tangibles (materias
primas y productos), la sociedad de la información basa su poder en la intangibilidad de la información que, «manufacturada»
adecuadamente, se transforma en conocimiento. Y este es el nuevo poder, el poder del conocimiento.
La década de los noventa, cuando el uso del primitivo web comenzó a generalizarse, produjo unas expectativas sociales y
sobre todo económicas desmesuradas, engañosas y que llevaron a los inversores a una «fiebre del oro» tecnológico. Pero la
realidad puso las cosas en su sitio tras la crisis de las punto com, coincidiendo justo con el inicio del nuevo siglo.
Ahora, tan solo un lustro después, surge la combinación de algunos elementos que proporcionan un relanzamiento de lo que
se ha dado por llamar la revolución digital, la sociedad de la información o del conocimiento. ¿Cuáles son estos elementos?: la
maduración de la tecnología representada en una nueva web (más inteligente y accesible) con servicios de alto valor añadido
y, sobre todo, una masa crítica de usuarios consumidores de tecnología básica capaces de contribuir de forma distribuida a la
creación, compartición y distribución de conocimiento (la web 2.0), sin menospreciar una mayor maduración y permeabilidad
empresarial y gubernamental para apreciar los beneficios de la tecnología aplicada a los procesos de gestión y producción.
Hoy en día nadie duda de la relación entre crecimiento económico, competitividad y uso de TIC. Su influencia en la economía
se reconoce como un hecho, y no solo por su aportación a la producción y gestión de las empresas, sino también por su
contribución al funcionamiento de los mercados financieros internacionales y a la globalización de la economía.
Pero las TIC no son solo un factor de desarrollo económico, sino también social, cultural y político. Todo parece indicar que
se ha llegado a un punto de inflexión en el uso de la red (este es un denominador común en prácticamente todos los profesionales
que han colaborado con este número). Las personas han pasado de ser simples receptores de información masiva a ser
productores de información. La red ha pasado a ser un espacio de construcción colaborativa y de participación ciudadana sin
límites geográficos. Las redes ciudadanas, organizadas a través de la red, discuten, comparten, crean, se posicionan…, y lo
hacen de forma espontánea, colaborativa, sin liderazgos definidos y a través de grupos distribuidos difícilmente controlables.
Estos grupos no se mueven por ideologías, sino por intereses culturales o preocupaciones comunes. Las redes ciudadanas se
configuran como un nuevo poder civil.
PABLO PRIESCA BALBÍN |
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