PRESENTACIÓN
La música del futuro, el futuro de la música

Existe la música que fue, la música que es, y la música que está siendo. La música imprescindible, fue, es y está siendo, aunque resulta difícil saber si será mañana. La música es cómo el agua, algo que ya existía en el paraíso, que el mercado nos quiere vender cómo producto embotellado simulando frescura. La voz única de la tierra y sus habitantes que la academia y los medios de comunicación clasifican según su procedencia con epítetos tan discutibles como: culta, popular, clásica, ligera, étnica, del mundo, folclórica etc. Es un arte transversal que derriba fronteras, “músicas del mundo” son todas y ni Bach puede ser considerado un producto de Alemania, ni los Beatles exclusivamente ingleses, porque las emociones que provocan llenan igualmente de arrobo a un japonés o a una esquimal. La recuperación musicológica de las melodías en trance de desaparición no puede limitarse simplemente al folclore popular porque caeríamos en el mismo delito arqueológico en el que incurrieron los primeros egiptólogos que por acceder a los estratos del Imperio Antiguo destruyeron los vestigios de los periodos posteriores. La música es utilizada como una herramienta para demostrar supuestas purezas culturales y muchos estudios se enfocan en ese sentido, con el fin de proveer de identidad a quienes la consideran en peligro, o para que esta identidad sea utilizada para obtener réditos políticos, poniendo en valor la diferencia para obtener la preferencia. La música es algo plástico y móvil y cada música tiene deudas múltiples con otras músicas, el intérprete, como todo trabajador especializado, siempre ha sido un ser ambulante que iba propagando de un lado a otro como un virus, aquello que oía y que era capaz de interpretar. Dentro de la voracidad del mercado y el paternalismo de la academia, se han ido identificando como “músicas étnicas” aquellas venidas en su mayoría de las regiones más desfavorecidas del planeta, clasificando inconscientemente unas músicas cómo inferiores a otras, de la misma manera que se hace con las músicas occidentales cuando se discriminan maniqueamente como cultas o populares. Por otro lado está la función de la música en la dilucidación de la personalidad de jóvenes y adolescentes y su papel en la identificación grupal e individual. El médico y compositor Emilio Azcárate con un estilo muy personal de observación cínico y presocrático, en el que también resuenan los grandes autores de ciencia-ficción norteamericanos, esboza un conglomerado de visiones y certezas marcando el itinerario de una música que unas veces no ha sido escuchada aun o simplemente no existe todavía. Desde la vivencia de sus raíces caribeñas y con la solvencia de ser una de las mejores etnomusicólogas de habla hispana Victoria Eli escribe sobre las raíces de la música cubana que atraviesan mares y nos trasladan el temblor de unos sonidos que reverberan lo africano y lo culturalmente pre-colonial. Por su parte, el musicólogo Eduardo García-Salueña, también competente intérprete y compositor de música progresiva, analiza la evolución de los conocidos cómo dinosaurios del rock del último tercio del siglo XX dentro de los nuevos horizontes creativos y de comercialización. Desde que el fenómeno tecnológico del Mp3 ha irrumpido en las sociedades urbanas occidentales, la incomunicación ha aumentado muchos grados. Los viandantes ya no escuchamos la ciudad y los músicos callejeros ya sólo tocan para una minoría de oídos limpios de auriculares. Primero fue la desaparición de los “cantarines” públicos, los que entonaban en el tajo, desde las entrañas de ladrillo húmedo de las obras o en las aceras y mercados. El cumplido y bienmesabe se estrella ahora en el frontón de señoritas conectadas a una pseudo-música a la que le han sido hurtadas las frecuencias extremas, justo aquellas que consiguen que se nos erice la piel. Y ni siquiera en ascensores o salas de espera los seres humanos podemos romper el aislamiento de la coraza sonora que nos separa de los otros. La música precisa de algo que en este mundo de superabundancia de estímulos escasea: la disposición por parte del oyente de un espacio vacío, para después llenarlo con la escucha. La música no nos hace extraños en ningún sitio, sin embargo, para Sagrario Martínez Berriel los artistas son extranjeros en cualquier lugar, tal vez porque el mundo que inventan flota ingrávido sin conocer fronteras. La socióloga canaria, experta en música, se interroga acerca del papel de la música en el proceso de globalización y la pertinencia o no de este arte como valor universal. La también socióloga, Remedios Zapico, explica cuantitativamente el impacto de la tecnología en la música, y los nuevos escenarios de comercialización y reproducción. Por su parte la musicóloga Sara Oviedo bucea en las nuevas estéticas de la ópera, cuya puesta en escena se impregna y renueva con un relativo aire fresco procedente del novecentismo del que se nutre la “escena gótica”, una culterana tribu urbana que viste el negro de la noche e invita a gozar de la vida todos sus pecados. El también musicólogo Ignacio García Hernando nos pone en antecedentes sobre las nuevas experiencias en el campo de la música de acción en el que emergen nuevos valores que impulsan el legado de las vanguardias históricas. El músico Xavier María Foks comparte con nosotros su cuaderno de bitácora. Nos interesa en su figura aquellas nuevas experiencias musicales que se hacen hoy, renovadoras interacciones y sinergias entre músicos diversos que se escapan de las salas de concierto y los clubs para encontrar en la naturaleza el mejor escenario. La colaboración de la música en nuestra felicidad, y su efectividad como tratamiento de muchas patologías es estudiada por la músico-terapeuta Marina Elsa Díaz Huergo. Por mi parte, en mi artículo sobre los talleres de música dirigidos a los jóvenes en riesgo de exclusión social narro una experiencia personal dentro de la Escuela de Segunda Oportunidad de Gijón, con una Enumeración de la metodología utilizada y los esperanzadores resultados que resultan del uso de la música para la integración y socialización de los jóvenes. El músico y organista vitoriano Jorge Méndez, con un estilo que aúna didáctica y denuncia, nos describe el estado de la cuestión del órgano de tubos, el que para el autor es el rey de los instrumentos y para el que compatriotas nuestros escribieron algunas de las más brillantes partituras, tan hermosas como olvidadas. Para completar el número contamos con una entrevista a José María Íñigo, una autoridad en los que se refiere a la música y su relación con los medios de comunicación, que nos revela sus siempre interesantes y documentadas impresiones acerca de la evolución de la música y la industria en el convulso panorama actual.

Rubén Figaredo
Coordinador de este número de Ábaco
rubenfigaredo@hotmail.com

 

 
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