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| La posibilidad de seguir soñando:
Las ciencias sociales de Iberoamérica en el umbral del siglo XXI
Vicente Álvarez Areces La celebración del III Salón del Libro Iberoamericano de Gijón sirvió de marco para un profundo debate sobre los retos a los que América Latina se enfrenta en este periodo de tránsito entre dos siglos y sobre el papel de los intelectuales iberoamericanos para proporcionar pistas y proponer soluciones alternativas para el desarrollo económico y social del subcontinente de modo que el progreso redunde en beneficio de todos y que la modernización de sus sociedades no desdibuje su personalidad propia. Agradezco a los organizadores del Salón y a los editores de esta publicación la oportunidad que me brindan para sumarme a esta reflexión colectiva y proponer modestamente algunos puntos de vista. Quiero centrarme, sobre todo, en el análisis, por fuerza superficial, de los principales fenómenos que caracterizan este tiempo de cambio en los países menos desarrollados, la globalización y el desarrollo. Podríamos decir que la globalización es un término que esconde bajo una apariencia neutra una multiplicidad de factores que deben merecer juicios independientes, es la variable exógena de la ecuación del desarrollo. Y la dificultad para su análisis estriba en que las consecuencias
de la globalización sobre el desarrollo de nuestras economías
y sociedades es todavía una gran incógnita. Así, cada vez con más frecuencia, se suele apelar a la globalización como argumento indiscutible que hace obligatoria una estrategia de reducción continua de costes laborales, de los impuestos y del Estado de Bienestar, con el pretexto de mejorar la competitividad de las empresas para que puedan ganar cuotas en esos mercados mundiales. No es nada nuevo. Es la eterna apelación al enemigo exterior para presentar como inevitables opciones de política económica y social regresivas, conservadoras y sustentadas en planteamientos más ideológicos que reales. Los factores desencadenantes de esta situación son, a mi juicio, más ideológicos que tecnológicos o sociológicos. La revolución conservadora de los años setenta y ochenta las recetas con gran carga ideológica del Fondo Monetario Internacional, el desmoronamiento de los regímenes del Este y un enfoque mediático generalmente ideologizado y monolítico, han logrado que haga fortuna el antiguo eslogan thatcheriano de " no hay alternativa", y que se considere que las políticas de liberalización, privatización y estabilización son las únicas políticas sensatas o viables. La realidad muestra que estas políticas han conducido con frecuencia a un deterioro de las condiciones de vida en muchos países, sin obtener beneficios evidentes o indiscutibles. Por ejemplo, se dice que la liberalización ha permitido a muchos países atraer importantes volúmenes de inversión extranjera, como ha sucedido en los principales países iberoamericanos Sin embargo, parece olvidarse que otros países no han necesitado de esa liberalización para tener éxito en la atracción de capitales estables y, en cambio se han visto protegidos de la entrada de capitales con finalidad meramente especulativa. Precisamente este es uno de los factores de la globalización que están introduciendo mayor inestabilidad en los sistemas económicos, en especial en América Latina y en Asia, regiones con un enorme potencial. La tremenda movilidad que en los últimos años han adquirido los capitales financieros especulativos a la búsqueda de los más altos tipos de interés puede acabar en pocos días con las reservas de cualquier Banco central empeñado en seguir a rajatabla las políticas de estabilidad con el único recurso de sus magros fondos. Inmensas cifras de dinero se mueven instantantáneamente sin ninguna traba por el mundo penalizando políticas, valorando tendencias o simples rumores y poniendo contra las cuerdas a los Estados que ven muy reducidas sus posibilidades de actuación siempre que no coincidan con los intereses especulativos a corto plazo de determinados poderes financieros . Así pues, probablemente la globalización en sí misma no sea un problema. Todo lo contrario, puede generar importantes beneficios. La globalización debe permitirnos liderar las fuerzas del crecimiento a nivel mundial y luchar contra los problemas verdaderamente globales de la humanidad : la pobreza , la ignorancia , el hambre , la opresión o el deterioro del medio ambiente. Yo creo deseable que la liberalización de los intercambios sea un proceso irreversible porque favorece la difusión del progreso técnico y puede permitir a las regiones pobres el acceso al desarrollo. Ahora bien, lo que no me parece admisible es que ese proceso lo realice en exclusiva el mercado porque este carece de legitimidad para dictarnos como queremos vivir en común o cuales han de ser pautas morales que guíen nuestras políticas de cohesión de solidaridad o de construcción de un orden mundial más justo Nuestro reto como políticos, pero en primer lugar el de los intelectuales es el de profundizar en las realidades y los efectos de estos procesos globales y, como señalaba al principio, proponer nuevos paradigmas sociales que nos permitan reconducirlos en servicio de todos. Yo querría, modestamente, proponer una reflexión más detenida sobre un hecho que ha resultado básico para el equilibrio social y el progreso de los últimos cincuenta años: el contrato social. Creo que se trata de una institución clave que está siendo atacada a nivel global, en unos sitios de forma frontal, en otros de forma silenciosa pero igualmente implacable. Una sociedad avanzada no puede vivir sin contrato social. Los valores exclusivamente económicos no pueden ser los únicos factores aglutinantes, ninguna sociedad puede convivir democráticamente con el horizonte único de incrementar las cotizaciones de la bolsa o maximizar los excedentes empresariales. El progreso económico es, evidentemente un objetivo básico de toda sociedad, y debe ser también un objetivo global. Ahora bien, el crecimiento económico no es un objetivo absoluto, sino un cauce a través del cual se consigue un incremento del bienestar, que a su vez no es un bienestar individual, sino un bienestar social amplio y sostenible. No es aceptable, por tanto, atemorizar a los ciudadanos con el desastre económico si no optan por el modelo de sociedad que más conviene a quien detenta el poder económico. El sistema económico no puede triunfar a costa de la democracia, no puede anular la búsqueda permanente de fórmulas más perfeccionadas de contrato social. Si aceptamos esta premisa, si situamos los valores democráticos por encima de cualquier otra consideración, debemos aceptar también que nuestra organización económica deberá estar siempre al servicio de lo que la sociedad acepta y mediatizado por el contrato social que cimienta y justifica esa democracia. Como nos recuerda Jean Paul Fitoussi, los regímenes comunistas del Este se hundieron por una fuerte aspiración a la libertad. Este hundimiento es, pues, una victoria de la democracia y no de la economía de mercado. Si el capitalismo, excluyendo la política , aspirara a volverse totalitario también correría el riesgo de hundirse.
Sergio Rodríguez G. Los textos que componen este libro fueron presentados en las mesas de discusión y trabajo organizadas al efecto en el marco del III Salón del Libro Iberoamericano de Gijón realizado en esta ciudad asturiana durante la última semana de mayo del año 2000. El Salón del Libro Iberoamericano nació con la idea de que la literatura y la industria editorial de nuestros países, opacadas ante el poderío de las transnacionales del libro dispongan de un lugar y de un espacio natural en España, cuna de un idioma que hoy hablan más de 400 millones de personas en el planeta. En un documento elaborado con motivo del I Salón en 1998, Luis Sepúlveda señalaba que "...resulta evidente que a fines del siglo y del milenio, la globalización ha conseguido un acercamiento entre los intereses comerciales de Europa y las naciones americanas, pero, y por desgracia, la distancia entre nuestras culturas no sólo se ha mantenido, sino que ha aumentado". A través de sus dos ediciones, el Salón se había planteado una serie de objetivos que ha ido cumpliendo en el área del desarrollo editorial, en el fomento y divulgación de la literatura de las dos orillas del Atlántico, en lograr una vinculación más estrecha entre todos aquellos que estamos vinculados al libro, desde los autores, pasando por los editores, distribuidores, libreros hasta llegar a los lectores, en el estímulo a los jóvenes valores que surgen en el mundo de la literatura, pero hasta el momento no se había propuesto lograr esos mismos objetivos a través del desarrollo de otras áreas del mundo editorial, que pueden coadyuvar a ampliar y consolidar la presencia de Iberoamérica en Europa, en la búsqueda de vínculos de comunicación entre todos aquellos que utilizando nuestro idioma y observando nuestras realidades, indagan por encontrar respuestas ante esa globalización que como decía Luis nos acerca en lo comercial, pero nos aleja culturalmente. El desarrollo de las ciencias sociales y políticas en Latinoamérica y el Caribe ha generado una gran producción intelectual, la cual ha jugado un papel importante en las investigaciones sobre la región. Sin embargo, las grandes dificultades económicas han mermado la posibilidad de que esa capacidad creativa se exprese a través de publicaciones que circulen como vehículo de discusión y de elaboración de propuestas útiles en la solución de los problemas que nos aquejan y nos conduzcan al descubrimiento de tendencias que estudien los procesos socio-políticos y económicos de la región, no sólo dando cuenta de los cambios coyunturales, sino que profundicen en el necesario análisis estructural, para permitirnos mostrar nuestras falencias ancestrales, arrastradas a través de la historia, y de esa forma hacer proposiciones encaminadas a producir transformaciones fundamentales para la vida de nuestros pueblos. En esta ocasión, bajo el tema "La posibilidad de seguir soñando. Las ciencias sociales de Iberoamérica en el umbral del Siglo. XXI", hemos querido desarrollar la discusión en tres áreas. La primera, "Integración. Globalización. Escenarios internacionales del nuevo siglo", incluye trabajos de Alberto Hidalgo de la Universidad de Oviedo y Sergio Rodríguez Gelfenstein de la Universidad Central de Venezuela. En este capítulo se pretende insertar la problemática de Latinoamérica y el Caribe en un escenario internacional cambiante en medio de profundas transformaciones generadas a partir del fin de la guerra fría y el mundo bipolar. Frente a la globalización del norte, los latinoamericanos y caribeños tenemos la opción de la integración para actuar unidos en la búsqueda de mecanismos de cooperación, avanzando de esa manera hacia su transformación en actores internacionales importantes del nuevo siglo en el marco del desarrollo de diferentes procesos que signan las relaciones internacionales de la actualidad. El segundo capítulo que da nombre a este libro incorpora los trabajos de los eminentes sociólogos Emir Sader de la Universidad do Estado de Río de Janeiro y Tomás Moulián de la Universidad ARCIS de Santiago de Chile, así como el historiador Sergio Guerra Vilaboy de la Universidad de La Habana. A través de los ensayos incluidos en este capítulo se da a conocer una visión de los retos planteados a las ciencias sociales de nuestro continente, desde distintas disciplinas del saber académico. Se trata de partir de los sentimientos, alegrías y dolores de nuestros pueblos, lo cual no es otra cosa que la realidad del avatar cotidiano, para exponer experiencias y anhelos de una región donde el estudio de la sociedad estuvo, salvo honrosas y en algunos casos heroicas excepciones, sumergido en el oscurantismo de las dictaduras que ante su temor a los intelectuales e investigadores sociales no encontraron medida más inútil que cerrar las escuelas de sociología de las principales universidades latinoamericanas. Hoy estas ciencias sociales deberían emerger revitalizadas para proponer nuevas ideas ante el paso avasallador de sociedades caracterizadas por la exclusión y la pobreza. Los ensayos aquí recogidos son una muestra de esa intención y de esa necesidad. Finalmente, bajo el título de "Culturas, identidades e indigenismo. Nuevos retos para las grandes minorías" se agrupan las ponencias de Vladimir Aguilar de la Universidad de Los Andes en Venezuela, Andrés Pérez Baltodano, nicaragüense, de la Universidad de Western Ontario de Canadá y Fernando Carrión de la Universidad Católica del Ecuador. Sus trabajos recogen la elevada inquietud generalizada en nuestros pueblos respecto del proceso de marginación creciente que vienen sufriendo los pueblos indígenas y otras minorías parteras de nuestras nacionalidades que suman a la condición de ser excluidas por las sociedades de los países donde viven el impacto desestabilizador que los procesos globales generan para esas sociedades en su conjunto. Nuevas organizaciones y nuevas identidades van configurando un movimiento puesto en el tapete en Chiapas en 1994 y que recientemente en Ecuador mostró la fuerza de su idea y de su capacidad organizadora y aglutinadora. Con el impulso siempre enriquecedor de Luis Sepúlveda y de Literastur, las jornadas de discusión y análisis originadas a través de los ensayos publicados en este libro son una muestra palpable del interés de los organizadores por superar esa vacío del pasado, de una vez y para siempre. Aquí se han reunido investigadores y profesores universitarios de todos los rincones de Nuestra América, del cono sur y de Centroamérica, del gigante brasileño y de la región andina y de diferentes latitudes del Gran Caribe. Asimismo, y para lograr esa conjunción necesaria en la búsqueda de objetivos comunes, han estado presentes connotados investigadores de Asturias, todos provenientes de las más diversas ramas de las ciencias sociales, políticas y humanas, sociólogos, politólogos, abogados, internacionalistas, historiadores, filósofos y economistas. Vale resaltar, además, lo que es un sello diferenciador del Salón del Libro de Gijón respecto de otros eventos, cual es la posibilidad de encontrar en una misma mesa a profesionales consagrados junto a los noveles que pugnan por encontrar un espacio de participación y opinión. Bajo el calor de la hospitalidad del pueblo asturiano, en particular de los habitantes de Gijón, queremos agradecer a Literastur por la edición y publicación de este libro y por permitirnos "la posibilidad de seguir soñando". Gijón mayo 2000.
Prólogo Alguna vez, en el futuro lejano, si es que todavía hay vida humana en nuestro planeta, sus habitantes mirarán al siglo XX con una mezcla de estupor y, tal vez, profunda conmiseración. Ni un solo día de paz, los más terribles tiranos, y al mismo tiempo los más altos ejemplos de entrega y generosidad, son los protagonistas de este siglo en el que nos tocó vivir entre revoluciones y retrocesos. Cuando en 1989 cayó el muro de Berlín y comenzó el derrumbe del llamado socialismo real, la estupefacción de los pensadores reemplazó por algunos instantes, meses, años, al análisis, a la proyección de ideas emancipadoras, y una suerte de silencio impuesto por el sistema aparentemente vencedor quiso ser la forma más alta de elocuencia. Alguien se apresuró a decretar la muerte de la historia, otro declaró muertas las utopías, otro argumentó que las ideologías acababan de morir. Resultó bastante triste la idea de seguir viviendo en un tanatorio, sobre todo al considerar que los grandes problemas a los que se buscó solución a través del estudio crítico de la historia, de las referencias éticas y morales que son las utopías (no son ni más ni menos que eso), y de las ideologías como soporte referencial, seguían viviendo y gozando de estupenda salud. Hace ya más de un siglo, Marx y Engels en el Manifiesto Comunista anunciaron que un fantasma -el del comunismo y la lucha de clases- recorría Europa. Hoy, podemos decir que el fantasma del pensamiento único, de la concepción unidimensional del hombre y de la sociedad, se cierne peligrosamente sobre todos nosotros, y el simple hecho de pensar se convierte en una forma de resistencia. La globalización, entendida como un acto gerencial de las riquezas del mundo, incluyendo a la riqueza de la mano de obra, y como un simple fenómeno de acercamiento virtual merced de las nuevas tecnologías comunicacionales, tiene muy poco que ver con grandes extensiones humanas y geográficas del planeta. Para las naciones africanas que recién a fines de la década de los setenta vieron culminados sus procesos de descolonización, las posibles virtudes de la globalización les son absolutamente lejanas y ajenas. Lo mismo ocurre con los países de América Latina, ese continente al que se impuso la obligación de ser un escenario de la guerra fría, para ocultar la verdadera naturaleza de sus grandes contradicciones, de sus todavía pendientes contradicciones que no serán resueltas ni desde el Banco Mundial ni desde el Fondo Monetario Internacional, los actuales garantes de la globalización económica. Procesos políticos y revolucionarios aplastados, revoluciones tragadas por la corrupción, transiciones a la democracia mal empezadas y peor continuadas, el neoliberalismo económico presentado como alternativa a la historia y a los elementos que dinamizan la sociedad, carencia de libertad de prensa, travestismo político, casi desaparición del movimiento obrero continental, fraccionamiento de las expresiones políticas de izquierda, expoliación irracional del medio ambiente, países devorados por la riqueza fácil del narcotráfico impulsado y mantenido por las naciones consumidoras que dicen combatirlo, escuadrones de la muerte, realidades étnicas e indígenas hasta ahora incomprendidas y continuamente desprestigiadas por el poder, enajenación religiosa, cultura de la falta de valores y primacía del sálvese quien pueda, son algunos de los elementos que hoy caracterizan a la sociedad latinoamericana, y contra todo eso deben enfrentarse los que todavía consideran posible un desarrollo democrático que conduzca a la normalidad y a la civilidad, al progreso y al bienestar, pero para todos. El Salón del Libro Iberoamericano de Gijón, en su tercera edición, publica esta serie de estudios con el único afán de contribuir a una discusión hoy más necesaria que nunca, puesto que la verdadera integración latinoamericana no dependerá de los logros económicos del Mercosur u otra instancia globalizadora de nuestra capacidad de vender materias primas, sino, en primer lugar, del conocimiento profundo y compartido de la convulsa realidad que heredamos del siglo que termina, y de la determinación de asumir los desafíos que una vez más la porfiada historia pone ante nosotros en el sendero hacia la plenitud social.
Introducción El desarrollo de las ciencias sociales y políticas en Latinoamérica se corresponde bien con la producción literaria generada en los países de referencia, pero se queda muy corto aún con relación a los problemas reales que lo ha suscitado y lo sigue alimentando. Uno de estos problemas, aludido recurrentemente por casi todas las colaboraciones que aparecen en este libro, concierne precisamente a las dificultades que la consolidación de la democracia está teniendo en América Latina. Si la etapa actual de relativa estabilidad de los regímenes democráticos (exceptuado el caso de Colombia empeñada en esa cruenta y esterilizante guerra contra sus Cien años de soledad) no es un espejismo, la posibilidad de seguir soñando (con un mundo mejor, naturalmente) pasa por entender los obstáculos y límites con que tropiezan los sistemas políticos del subcontinente iberoamericano en el nuevo marco de la globalización. Pongo la condición del espejismo, porque algunos atribuyen la floración de los regímenes autoritarios en la década de los sesenta y setenta al fracaso de los regímenes democráticos a la hora de regular los conflictos grupales, en particular la polarización de la sociedad entre ricos y pobres. Los estudiosos latinoamericanos en ciencias sociales han puesto en evidencia una serie de peculiaridades internas de los regímenes iberoamericanos que no conviene nunca perder de vista, tales como el papel preponderante de las Fuerzas Armadas, que siguen manteniendo una actitud crítica e incluso levantisca frente a las instituciones democráticas (último episodio el recibimiento triunfal de Pinochet en el Chile de Ricardo Lagos), la carencia de aprendizaje político por parte de la sociedad civil y, paradójicamente, la debilidad congénita de los Estados nacionales tanto por lo que se refiere al tamaño de sus administraciones y a su presencia efectiva en los territorios a su cargo, cuanto, sobre todo, en relación a las funciones del aparato gubernamental respecto a seguridad, administración de la justicia y redistribución de la riqueza. Me parece que este diagnóstico de base, compartido por la mayoría de los ponentes de este encuentro, sirve de marco de referencia para las propuestas que se desgranan a continuación. Sin embargo, estas propuestas distan mucho de ser unitarias, proviniendo como provienen, no ya sólo de experiencias personales diferenciadas (más o menos desencantadas), sino de suelos epistemológicos y culturales distintos. Así, por ejemplo, el chileno Tomás Moulián, desde una reducción epistemológica de la crisis de su «personal» materialismo histórico, aboga por una democracia participativa que obliga a rediseñar el Estado en dirección descentralizadora: «En los países latinoamericanos donde todavía prima una concepción muy centralizada del poder hay que operar necesariamente cambios radicales en los canales y ámbitos de la decisión pública». El brasileño Emir Sader, en cambio, analizando el caso de su país desde la categoría gramsciana del «bloque hegemónico», avizora la potencialidad revolucionaria del Movimiento de los Sin Tierra (MST) como la condensación de la resistencia contra el bloque hegemónico liberal dominante desde los 90: «De esta forma- concluye-, en Brasil, el país que tiene el mayor potencial -económico, social, ideológico y político- del continente, en el momento del agotamiento de la capacidad hegemónica del proyecto neoliberal dirigido por Cardoso, se presenta la situación más abierta del continente, de alguna forma la más promisoria, pero a la vez la más compleja». Pero quizá sea el trabajo del nicaragüense Andrés Pérez Baltodano el que plantea con mayor claridad el problema de la consolidación de la democracia en los Estados-nación Latinoamericanos, que a diferencia de los ya «consolidados» (europeos y norteamericanos), verdaderos amos del proceso de globalización, son Estados-nación «no-consolidados», de modo que cuando se transnacionaliza el aparato estatal con la intervención de organismos internacionales (incluidas las ONGs), se debilita «su capacidad para desarrollar y reproducir los niveles de integración pluridimensional sobre los que se fundan la nación y la ciudadanía». Desde este punto de vista resulta que la responsabilidad de la falta de «políticas democráticas y de participación política» no habría que imputársela a los Estados de la región, sino a «sus relaciones de dependencia externa». No deja de ser curioso, sin embargo, que mientras Andrés Pérez desconfía de los movimientos democratizadores como los que sabotearon la reunión de la OMC de Seattle en diciembre de 1999 por su falta de materialización, porque la «práctica política desterritorializada no cuenta con una Bastilla o con un Cuartel Moncada hacia donde poder canalizar su energía transformadora», vitupera al neopragmatismo de Rorty y al postmodernismo como los auténticos responsables de la falta de identidad de los Estados-nación latinoamericanos. La misma enemiga contra el postmodernismo sirve al cubano Sergio Guerra Vilaboy (que, sin embargo, omite escrupulosamente cualquier mención a la palabra democracia) para lanzar las correspondientes diatribas contra las historiografías europea y norteamericana, presas ambas del denostado modelo capitalista neoliberal: «Aquí (en Iberoamérica, se entiende) son más evidentes las múltiples diversidades del mundo contemporáneo y la desesperada búsqueda de alternativas al capitalismo neoliberal -la irredenta insurrección en Chiapas, el creciente movimiento de los «sin tierra» en Brasil o el rescate del legado bolivariano en Venezuela son muestras elocuentes de ello-, lo que explica la limitada incidencia que el debate sobre la historia desencadenado en el pensamiento occidental ha tenido en la historiografía latinoamericana». No parece, sin embargo, consistente que, tras lamentar la «fragilidad teórica de muchos historiadores de América Latina, que ha ido imponiendo el desmigajamiento de la disciplina» (lo que supone a sensu contrario una reivindicación de la historia total y progresiva hoy en crisis), acabe su discurso diciendo que para llevar a cabo «la crítica de la sociedad vigente y de su legitimación ideológica, con el fin de preparar a la sociedad para un futuro más igualitario y justo» sea necesario «estar al tanto de los avances y debates científicos que tienen lugar, por ejemplo, en la antropología, la semiología, la filosofía analítica, la crítica literaria y el conjunto de formulaciones generadas por el postmodernismo, imprescindibles para enriquecer nuestros métodos, el bagaje teórico y, en la medida en que sea necesario, el propio vocabulario histórico». El que si está al tanto y nos pone al corriente sobre el debate inacabado acerca de los derechos de los pueblos indígenas y su relación con la biodiversidad es el excelente trabajo del politólogo venezolano Vladimir Aguilar, quien perspicazmente apunta al fondo del asunto que impide llegar a una solución negociada en esta decisiva cuestión. En efecto, la legislación sobre ecodesarrollo «tomará aún mucho tiempo, pues el interés de las empresas transnacionales y la presión que sobre los países desarrollados están ejerciendo para que el acceso a los recursos biológicos se haga sin mayores restricciones es parte de la lógica del mercado en la actualidad (cuya) pretensión principal es reducir la cuestión ambiental a una dimensión eminentemente económica». Vladimir Aguilar reconoce, sin embargo, el esfuerzo legislador de organismos internacionales como el PNUMA que abordan con equidad los problemas ligados a la biodiversidad y a los derechos colectivos de los indígenas a mantener los conocimientos tradicionales que permitan la continuidad de su modus vivendi y de sus nichos ecológicos. El trabajo recoge no sólo los Acuerdos y Convenios que protegen los conocimientos y costumbres indígenas relevantes para la conservación del medio ambiente, sino las prácticas que avanzan en esa dirección como la oposición a la la legislación de compra de derechos de propiedad de conocimientos colectivos por parte de multinacionales mediante la «publicación defensiva». Pero si el debate no está concluido no es sólo por las multinacionales, sino porque frente al temor de los Estados-nación no consolidados, Vladimir Aguilar sostiene que no hay que confundir la autodeterminación indígena sobre el territorio (que pueden amparar las constituciones nacionales como la de Venezuela) con la autodeterminación de los pueblos, de modo que, además de no ser separatistas, los movimientos como el levantamiento indígena del Ecuador de 21 de Enero pone en evidencia un espacio de resistencia a nivel local contra la mundialización de la lógica del mercado. Sencillamente los pobres van a resistirse al ajuste estructural a nivel local, nacional e internacional, sin solución de continuidad. Una problemática distinta, más cultural que ecológica, pero que se solapa con lo anterior, plantea el bello trabajo del ecuatoriano Fernando Carrión sobre la «Cultura Afroamericana del Pacífico Sur», porque el 30 % de negros colombianos, el 5 % de negros ecuatorianos y el 10 % de negros peruanos no pueden revindicar el territorio con los mismos títulos ancestrales que los indígenas, sino sólo en función de «los palenques conseguidos y custodiados por cimarrones». Invocando con Manuel Zapata Olivella a «Changó el Gran Putas», distingue Fernando Carrión dos situaciones que amenazan al «Niño de virtú». Cuando ganan las brujas la población negra sufre marginación, despojo de territorio, abandono, racismo y demás lacras de las minorías que no cuentan siquiera para un proyecto nacional: «El contubernio de las mayorías deslegitima al negro doblemente: no sólo sus aportes no son importantes por el hecho de ser menos numéricamente, sino que estos no son tomados en cuenta porque no pueden acceder a la conformación de un proyecto nacional. Son menos e invisibles». Pero cuando ganan los «Niños de Virtú», la democracia no tiene por qué confundirse con la tiranía de las mayorías y «ser democrático no tiene por qué llevar la premisa de renunciar a la identidad». Fernando Carrión propone humanizar el sistema desde lo afroamericano «en el mismo lugar donde la palabra tiene que hacerse carne»: «Los pueblos latinoamericanos se abren a una posibilidad histórica, pueden conciliar el desarrollo económico y mantenerse vivos culturalmente, y la energía cultural de la trilogía de la diversidad es una clara opción. Mestizos, indios y negros pueden confluir en un proyecto de integración de la trietnicidad, de comarcas territoriales y fortalecimiento de los aportes culturales", para lo que, a diferencia de lo expresado por Andrés Pérez se cuenta con la cooperación de instituciones culturales «y especialmente de las ONGs». No es misión de un introductor entablar debate con las distintas contribuciones, máxime si como sucede en mi caso, el que pone la introducción es autor de una contribución y el único transatlántico (y por tanto forma parte a priori del bloque hegemónico de los dominadores y es ciudadano de un Estado-nación consolidado), pero como «en todos los sitios cuecen habas» (y no hablo sólo de los nacionalismo fraccionarios de Euzkadi, Catalunya o Galizia) y en todo el mundo crece la tensión entre burocracia estatal y participación ciudadana, no está de más que haga una alusión al escenario internacional de nuestro siglo, que se intenta dibujar tanto en la ponencia del coordinador del libro Sergio Rodríguez Gelfenstein como en la mía. Considero ambas ponencias complementarias por más que yo mantengo que la globalización debe entenderse como una idea filosófica general, asociada al viejo ideal cosmopolita puesto en circulación por los estoicos en la época helenística, que como una mera ideología economicista del presente. Naturalmente, si se le da ese sentido ideológico restringido y se interpreta que se limita a argumentar que «los Estados deben ceder parte de su soberanía en aras de engrandecer el bien común», entonces tiene razón Sergio Rodríguez cuando afirma que «el mercado no es solución para todo, y en este sentido hay que rescatar el papel del Estado, el cual, a pesar de todo, sigue siendo actor principal en la arena internacional». Creo, sin embargo, que lo que nos toca hacer no es defender a los Estados, que ya se defienden solos mejor que nosotros, sino dibujar el escenario en el que vivimos no sólo como miembros de estados nacionales soberanos, sino de una comunidad cultural hispana que en su etapa actual es descrita por el filósofo Gustavo Bueno desde la perspectiva hegeliana de la lechuza de Minerva en éstos términos: «lo que llamamos «Historia del Género Humano» puede considerarse como la enumeración de la docena escasa de grandes Imperios Universales ya derrumbados pero cuyos escombros siguen flotando en el «océano antropológico» como acúmulos de humus sobre los cuales crecen los Imperios presentes, que en su día también se derrumbarán. El imperio español desapareció hace cien años: pero queda flotando como «Comunidad hispánica», y ésta es ya una alternativa real al islamismo tercermundista y al protestantismo capitalista. Podría significar muy poco, en relación con las «cuestiones que conciernen a la Humanidad», la condición de ser español cuando se toma en sí misma, en absoluto; acaso porque lo importante de la identidad hispana no reside tanto en un modo de ser, cuanto en un modo de estar, y la identidad hispana confiere a los españoles un modo de estar lo suficientemente distante de otras alternativas «disponibles» como para poder transformar su condición en una plataforma privilegiada para promover planes y programas dignos de ser llevados adelante» Si es esta equidistancia respecto al Islam y al protestantismo lo que identifica la forma de vivir hispana, y por extensión Latinoamericana, es obvio que la confrontación contra el capitalismo depredador (o contra la «globalización económica», por ejemplo) no se hace aquí desde posiciones abstractas (burgueses/ proletarios o izquierda/derecha), que han perdido ya buena parte de su significado, ni tampoco desde míticas «identidades culturales inventadas mentirosamente», sino sobre la historia y sus cristalizaciones jurídicas. El relato de estas cristalizaciones en la época de la globalización quizá pueda pergeñarse de este modo en orden a dibujar el escenario real en que debemos hoy actuar. Tras la Segunda Guerra Mundial la humanidad ha quedado organizada como un conjunto de sociedades políticas soberanas, de Estados nacionales resultantes de la liberación progresiva (al menos desde el punto de vista jurídico formal) de los Protectorados, Fideicomisos y Colonias procedentes de siglos anteriores. Aunque su génesis ha sido muy heterogénea y existen entre ellas diferencias estelares en el terreno económico, lingüístico, cultural y social (que no pueden ser subestimadas), los doscientos y pico Estados que tienen hoy asiento en las Naciones Unidas forman una totalidad atributiva por la heterogeneidad de sus componentes pero distributiva en el plano jurídico del Derecho Internacional. La completa estatalización de las sociedades del presente es, sin embargo, un estado transitorio y ya se dibujan en su seno movimientos contrapuestos, hacia el agrupamiento supranacional en bloques económicos y hacia la disgregación de ciertos Estados en unidades menores. El informe del PNUD sobre Desarrollo Humano de 1993 resumía la situación actual en una frase: «Hoy día el estado nacional es demasiado pequeño para las cosas grandes y demasiado grande para las pequeñas». Aunque el futuro no está escrito, ¿qué escenarios se dibujan tras la previsible trasformación de la fase estatal presente en una fase post-estatal?. «De dos maneras diametralmente opuestas entre sí -decía el propio Gustavo Bueno hace unos diez años-- podrá construirse la idea de una transformación de la presente sociedad de Estados enclasados en una sociedad post-estatal: o bien en la dirección de una descomposición, emulsión o fragmentación sucesiva de los bloques de Estados o de las esferas estatales del presente, que terminaría en una situación de extinción de estos Estados como comunidades políticas efectivas ( la dirección a la que apunta la «Europa de las regiones»), o bien en la dirección de una composición acumulativa por medio de alianzas, federaciones o confederaciones de Estados que tendría como límite la constitución de un estado universal» En particular, los posibles escenarios positivos, dejando aparte la catástrofe, el colapso social, caso límite de destrucción del mismísimo escenario planetario (bien por conflagración nuclear o por alguna otra causa "natural accidental"), son a medio plazo de tres tipos: (1) El tipo de sociedad a-estatal sobrevenida por efecto de un progresivo debilitamiento de sus vínculos actuales, o bien en la dirección revolucionaria del marxismo-leninismo tradicional que contempla la liquidación del estado capitalista y la instalación de la sociedad comunista en donde la «administración de las personas» será sustituida por la «administración de las cosas», o bien en la dirección del anarquismo no marxista (y eventualmente liberal) que contempla la extinción del Estado y el traspaso de sus competencias a organizaciones civiles o profesionales. (2) El tipo de sociedad supra-estatal, escenario estoico de la Cosmópolis, que contempla la desestructuración de los Estados en una dirección sintética, de fisión acumulativa de ligas, mercados y confederaciones, a las que los estados irían cediendo progresivamente su soberanía hasta la formación de un Estado único. Las amenazantes utopías de El amo del mundo de H. Benson, Un mundo feliz de Huxley o 1984 de Orwell están concebidas desde esta perspectiva, en la que ya no hay lugar para la disidencia porque todo el poder se habrá concentrado en un órgano de control único, universal y casi omnipotente. (3) El tipo de sociedad trans-estatal, en el que los estados no han desaparecido ni han renunciado a su soberanía, sólo que en su seno habrían brotado ciertas formaciones de carácter internacional que desbordan y envuelven los límites de los Estados. A medida que van extendiéndose estas complejas formaciones pueden llegar a ejercer una influencia determinante sobre los propios Estados huéspedes que las albergan. Algunos incluso, sin llegar a poseer, propiamente hablando, aparatos coercitivos de tipo estatal, llegarán a ejercer controles efectivos sobre la toma de decisiones gubernamentales. En el pasado, algunas religiones ecuménicas como el Catolicismo o el Islam llegaron a poseer, gracias a lo que Comte llamó el «poder espiritual», esa capacidad de presión coactiva sobre el Estado. Hoy día, en el capitalismo avanzado, quizá sean las grandes corporaciones industriales y financieras las que más claramente condicionan las decisiones económicas y políticas de los Estados nacionales y esa es la razón de por qué la globalización económica aparece como el analogado principal del proceso. Con todo, el escenario de la sociedad trans-estatal está en ciernes. Sólo se configura a medida que vayan tupiéndose los tejidos y redes de conexión entre las propias compañías y federaciones trans-nacionales (o multinacionales) por efecto de la multiplicación de las mismas. Sólo que el poder y la magnitud de estas formaciones conectadas en redes no obedecerá ya a criterios exclusivamente económicos, pues de este tejido envolvente forman también parte partidos políticos homólogos con implantación internacional (comunistas, socialistas, liberales, etc.), asociaciones de municipios interestatales (incluyendo la práctica creciente de los hermanamientos bilaterales a veces por motivos ideológicos), tribunales de justicia internacionales (como el de La Haya o el solicitado Tribunal Penal Internacional), organizaciones policiales de ámbito mundial (como la Interpol), Federaciones interuniversitarias, proyectos multinacionales de investigación científica (Proyecto Ariadne, Proyecto Genoma, etc.), Asambleas de Iglesias y confesiones religiosas, ONGs dedicadas a la Cooperación (como Amnistía Internacional, Médicos sin fronteras, etc.), por no mencionar a la Federación Iberoamericana de Ateneos, la Organización de estados Iberoamericanos, etc. ¿Acaso no se inscribe este encuentro del Salón del Libro Iberoamericano en esta misma perspectiva trans-estatal, en la dirección de reagruparse en función de una herencia cultural común?. Mesa N° 1. Profesor Titular de Sociología del Conocimiento y de la Ciencia en la Universidad de Oviedo. Catedrático Numerario de I. N. E. M. desde 1975. Elegido Presidente de la SAF (Sociedad Asturiana de Filosofía) en diciembre de 1981 organizó cuatro Congresos de Teoría y Metodología de las Ciencias, durante la década de los 80 y ha publicado tres volúmenes de Actas. Como escritor ha colaborado en diversas revistas y periódicos. Entre su actividad editorial figuran libros de texto e investigación como Historia de la Filosofía (Madrid, 1978), Symploké (Madrid, 1987), "Descartes en Contexto" (Alicante, 1986); colaboraciones en Diccionarios (v.g. el Diccionario de Filosofía Contemporánea de Miguel Angel Quintanilla, Salamanca, 1976; el Dictionnaire del Philosophes de Denis Huisman Paris, 1984; el Diccionario de Ciencias de la Educación, Madrid, 1985 o la Terminología científico-social. Aproximación crítica, de Román Reyes Barcelona, 1988) y ensayos como Neo-Fundamentalism-The Humanist Response (New York, 1988), La teoría de la organización ante el fenómeno de las asociaciones juveniles (Oviedo,1992) Reflexión ética sobre el Racismo y la Xenofobia ( Madrid, 1993), ¿Qué es esa cosa llamada ética? (Madrid, 1994 ) o Racismo y Xenofobia (Estella, 1996). Es coordinador de Ciencia, Tecnología y Sociedad (Algaida, Sevilla, 1999). Ha compatibilizado su trabajo académico con actividades sociales en ONGs. Con esta sensibilidad ha impartido numerosas conferencias en distintos foros. Miembro fundador en 1991 del Movimiento por la Paz, el desarme y la Libertad en Asturias, en 1995 fue elegido Presidente, orientando su actividad hacia la Cooperación Internacional al Desarrollo. Sergio Rodríguez G. Venezolano. Licenciado en Estudios Internacionales y periodista. Candidato a Magister en Relaciones Internacionales y Globales de la Universidad Central de Venezuela. Profesor de Historia de las Relaciones Internacionales de América en la Universidad Central de Venezuela. Autor de ¿"Y cuándo Fidel no esté?" Coautor de "Cambio, contradicción y complejidad en la política internacional del fin de siglo". Coautor de "Cien años de sociedad: Los 98 del Gran Caribe". Ha escrito artículos para revistas especializadas de varios países. Mesa N° 2 Sociólogo chileno. Ejerce, desde 1996, como director del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad ARCIS y, desde 1998, como Vicerector de Extensión e Investigación en esa misma casa de estudios. Entre sus publicaciones están: "Democracia y Socialismo en Chile" (1983), "La forja de Ilusiones: El sistema de Partidos 1932-1973" (1993), "Chile Actual: Anatomía de un Mito" (1997, LOM Ediciones). Con esta obra obtuvo el premio del concurso Premio Municipal de Literatura de Santiago, 1998, en la categoría ensayo, el premio Iberoamericano LASA EE.UU., 1998 y el premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Posteriormente publicó "El consumo me consume" (1998-LOM) y "Conversación Interrumpida con Salvador Allende" (1998). Emir Sader Sociólogo brasileño. Presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). Profesor de sociología de la Universidad de São Paulo (USP) y de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). Autor entre otros libros de "Estado y política en Marx", "La transición en Brasil: ¿de la democracia a la dictadura?", "El poder, ¿dónde está el poder?", "El ángel tuerto: izquierda (y derecha) en Brasil", "Cartas al Che", editor de "Democracia sin exclusiones ni excluidos". Sergio Guerra Vilaboy Cubano. Licenciado en Historia en la Universidad de La Habana. Doctor en Filosofía de la Universidad de Leipzig. Jefe del Departamento de Historia de la Universidad de La Habana. Presidente de la Sección Cubana de la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe (ADHILAC). Autor entre otros libros de "Los artesanos de la revolución latinoamericana. Colombia 1849-1854", "Paraguay: de la independencia a la dominación imperialista", "El dilema de la independencia", "Las luchas sociales en la emancipación latinoamericana" y "América Latina y la independencia de Cuba". Mesa N° 3. Nicaragüense. Es profesor asociado del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Western, Ontario (Canadá) en donde enseña Teoría del Estado y Teoría Política Comparada. Antes de ingresar a la vida académica fue director fundador del Instituto Nicaragüense de Administración Pública (INAP) y funcionario del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID) en Canadá. Ha publicado extensamente sobre los temas del Estado, la globalización, y el desarrollo social de América Latina. Editor de "Globalización, ciudadanía y política social en América Latina: tensiones y contradicciones" Vladimir Aguilar Castro Venezolano. Politólogo y abogado (Universidad de los Andes), Especialista en Relaciones Internacionales (Universidad Central de Venezuela) y con un Diploma de estudios superiores en política internacional del Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de la Universidad de Ginebra (Suiza). Es profesor a dedicación exclusiva de la Universidad de los Andes en Mérida, (Venezuela) y actualmente se encuentra haciendo estudios doctorales en Relaciones Internacionales en Ginebra (Suiza). Autor de "Ambiente y Derechos Indígenas en la Agenda Política Internacional". Ha escrito diversos artículos en revistas especializadas de varios países. Fernando Carrión Ecuatoriano, Sociólogo (Universidad Católica del Ecuador). Posgrado en Relaciones Económicas Internacionales en la Universidad Andina de Ecuador. Ha sido investigador para el Banco Central del Ecuador y en diversas ONGs como CEPAM (Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer), CENAD (Centro Nacional de Ayuda y Desarrollo, INREDH (Instituto Regional de Asesoría en Derechos Humanos), MAP INTERNACIONAL, ONG cristiana para ejecución de proyectos de mejoramiento para los servicios de salud y educación rural. Profesor de Sociología de la Comunicación en la Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador. Ha escrito artículos especializados para diferentes periódicos, revistas y para el Anuario de MAP INTERNACIONAL. Actualmente está preparando su primer libro referido a la realidad del negro en el Ecuador, en coordinación con el Centro Afro-ecuatoriano y la Editorial ABYA-YALA.
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